Escribir para mantenernos vivos
sábado, 11 de septiembre de 2010
Introducción
INTRODUCCIÓN
Ethan vivía hace mas de 10 años ya sólo en su Mansión, Se sentia un joven triste y desdichado por la perdida de Sus Padres, la pelea con su novia, y las ganas que lo habían abandonado en el camino.
Sus días eran todos iguales, se levantaba, preparaba un desayuno, y se sentaba a mirar por la ventana mientras comia lo primero que había encontrado, luego de eso se refugiaba en su hamaca favorita desde chico y se hamacaba dos horas seguidas, sin importar los mareos que puediese atravesar. El almuerzo duraba una hora de su novela favorita, lo siguiente se trataba de jugar al Soliario en una nueva computadora que le acababan de traer, está tarea constituia dos horas de su tarde y lo dejaba agotado, malhumorado y ahogado en un sueño interminable.
Ethan se acostaba una hora y media sin excepciones cada día semanal, despertaba merendaba y hacía llamadas telefonicas en broma, al rato limpiaba los pocos lugares de la Casona que usaba, que serían cinco o siete en casos extremos y se acostaba en el sillón a ver acercarse a el atardecer.
Su vida era una rutina estremecedora, hacía todo lo que le gustaba tan seguido que ni el mismo sabia en verdad que le gustaba ahora. Le habían cansado la mayoría de las cosas y no se le ocurría nada que pudiese aliviar su dolor, los intentos de no caer en una adicción funcionaron, aun en la mas pálida depresión se mantenía tomando agua y llorando solamente con películas, canciones y libros.
El vacío que sentía se volvía más inmenso con el pasar de las horas y un día creyo no poder mas.
Ethan vivía hace mas de 10 años ya sólo en su Mansión, Se sentia un joven triste y desdichado por la perdida de Sus Padres, la pelea con su novia, y las ganas que lo habían abandonado en el camino.
Sus días eran todos iguales, se levantaba, preparaba un desayuno, y se sentaba a mirar por la ventana mientras comia lo primero que había encontrado, luego de eso se refugiaba en su hamaca favorita desde chico y se hamacaba dos horas seguidas, sin importar los mareos que puediese atravesar. El almuerzo duraba una hora de su novela favorita, lo siguiente se trataba de jugar al Soliario en una nueva computadora que le acababan de traer, está tarea constituia dos horas de su tarde y lo dejaba agotado, malhumorado y ahogado en un sueño interminable.
Ethan se acostaba una hora y media sin excepciones cada día semanal, despertaba merendaba y hacía llamadas telefonicas en broma, al rato limpiaba los pocos lugares de la Casona que usaba, que serían cinco o siete en casos extremos y se acostaba en el sillón a ver acercarse a el atardecer.
Su vida era una rutina estremecedora, hacía todo lo que le gustaba tan seguido que ni el mismo sabia en verdad que le gustaba ahora. Le habían cansado la mayoría de las cosas y no se le ocurría nada que pudiese aliviar su dolor, los intentos de no caer en una adicción funcionaron, aun en la mas pálida depresión se mantenía tomando agua y llorando solamente con películas, canciones y libros.
El vacío que sentía se volvía más inmenso con el pasar de las horas y un día creyo no poder mas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
