Escribir para mantenernos vivos

lunes, 26 de septiembre de 2016

Mis lagrimas se han transformado en tinta,
pero son tantas, y tan confusas andan, que no saben por donde empezar a escribirse.
Mis lagrimas empiezan a caer en demasía,
tal es el modo, que se vuelven rojas, 
¿cuándo se han transformado en gotas de sangre mis lagrimas?
¿Cuándo el dolor deja de ser la cura y se convierte en el veneno?
Ya no hay lagrimas
Ya no hay gotas de sangre,
se han evaporado, 
ahora,
ya solo caen las gotas de la nada. 


No lo iba a subir, porque surgió en un momento fuerte, y hasta me impresiona leerlo. Pero después de todo, lo importante es no reprimirse. 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Todo lo que se necesita es amor

No sé por donde empezar para hablar del amor. Pero puedo hablar de lo que se siente no sentir. Cuando me doy cuenta que no estoy siendo afectuosa porque no puedo, por incapacidad, o por miedo. Entonces sufro, y me turbo. Y más me repelo. Cuando siento que el otro me da, y yo simplemente no puedo, como si fuera una estatua, como sino fuera humana. El miedo no es al amor, sino a lo desconocido. No se enseña qué es el amor, no se enseña que se necesita como el aire o como el agua. Yo me siento enferma, porque me falta. Y esta escasez, yo se como se sacia. Es despertarse y admitir la sed. Levantarse y disponerse a aceptar lo que a uno le es dado, porque se es afortunado. ¿Quién más afortunado que aquel al que le dan amor puro?. Y entonces, al aceptar el amor, uno ya no va a poder frenarse a querer darlo. Toma ese amor que te es dado, tomalo y gozalo. Ese amor es lo que hay que mamar en la vida. Mamarlo, y darlo. Y si sentís que no está en tu vida, en ninguna parte, tranquilx, el problema es el enfoque. El enfoque lo es todo. Porque amor, amor hay. 
Te espero debajo de la luna,
hoy el séptimo arte presenta "Las estrellas".
Hemos de transformar esta noche en oportuna,
ya que se anuncian las horas más bellas.

Te espero debajo de la luna,
para que naveguemos en ellas.
Te espero en un barco de asteroides,
al que las sombras no dieron tregua.

Presiento que hoy viajo con vos,
es un palpito, que me descabella,
no tardes, no tardes mi amor,
si la luna se va, me voy con ella.
Para una amiga

Ojos color noche de tormenta,
un relámpago se asoma en tu semblante,
y su estallido canta,
colmando tu mente.

Pelo de polvo de estrellas,
labios de arena ancestral,
deja que tus manos sean arpas,
deja que tu ser surja, tras el antifaz.

Lienzo blanco, luz del día,
no dejes que la espera colme tus heridas,
no dejes que se apaguen tus esferas,
que el flash se enciende con el toque,
que le da tu vida.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Madrugada

Me encontraba yo en una noche nublada en la 9 de Julio, subí a un colectivo que recorrió esas nostálgicas calles, puede que haya sido el fin de semana largo o el repentino calor de la entrante primavera lo que incito a la gente partir, el caso fue que me encontraba en una ciudad sin luna, sin estrellas, sin las luces de los autos, con un corte de luz que dejo ciegas las ventanas de los edificios, apagados los carteles y apáticos a los semáforos, nos sentamos en los asientos de este colectivo, en su interior una pálida luz inundaba el transporte, una luz, que, irónicamente contrastaba con la intimidante pero acogedora oscuridad que afuera transcurría, haciendo parecer al colectivo como un bote ala deriva en un mar oscuro pero calmado, como una pileta oscura en el verano, que con su agua tibia te hunde en el entorno y te hace parte de su enigma, quien sabe yo y mis memorias como bailaban risueñas en mi mente, deseando capaz invocar recuerdos de nostalgia, bromas cínicas y promesas lujuriosas que en estos climas nacen, pero mi amigo y yo embriagados por la bohemia, vagábamos sin rumbo en un confort de limbo.

De Agustin Armesto
Era una calle triste y gris, como todas las calles de noche, y yo solo soy un niño sin hogar, desamparado a la suerte de la luz de la luna, escucho los ecos de risas en las casas, cálidas, seguras y llenas de contención, yo estoy aquí, dándole personalidades a los objetos inanimados, para tener a alguien con quien hablar, a veces hablo horas con ellos, de noche el frió y la angustia son tan severos que no logro ni dormir. No entiendo muy bien que hice para estar acá, ¿soy malo? ¿Soy diferente? Me siento como un desperdicio, camino horas y horas, voy de refugio en refugio buscando amparo contra la intemperie, entonces en una de las calles frías y silenciosas que suelo recorrer, con la bondadosa luz de la luna como testigo de mi caminata inquieta, descanso en una pared gris y callada.  A través de una reja de una ventana bastante alta, que  apenas alcanza a superar la altura de mi cabeza por unos escasos centímetros  oí su voz , “hola , que haces ahí?” dijo, me sentí extraño, me sentí ajeno a mi, me quede unos segundos en silencio, yo no debo ser al que su dulce voz le habla pensé, “ ¿como te llamas?” dijo nuevamente, se dirigía a mi, ahí lo supe, me sentí cálido, me sentí invadido por un calor que se expandía por mi pecho. “Me llamo Pimpin“le dije tímidamente pero  con inquietud por lo que le seguiría a mi respuesta,
 -Yo me llamo  tina, ¿qué haces ahí Pimpim?
-Yo vivo acá 
-¿En la casa de enfrente?
-No, en la calle
-¿Por qué?
-porque no tengo otro lugar a donde ir
Me miraba con sus ojitos tiernos y comprensivos, ella sabía y entendía muy bien donde estaba yo. Me miro unos segundos y entonces me sonrió asomando su cabecita rubia, se veía la luz del fuego de su hogar  filtrándose por la ventana, contrastando con el gris de la calle, una calle sin color, pero en cambio ella era todo colores, era todo bondad, y  me dice con una sonrisa sublime y cálida, con una voz tierna y suave que se hunde en mi memoria y perdurara por siempre .
-¿Entonces cuando salga a ver por la ventana siempre te voy a poder ver?
Me sentí tan bien cuando dijo eso, me sentí  alguien, sentí un profundo impulso de alegría y le dije:
-¡Claro que sí! Yo estaré aquí siempre para vos
Y entonces sonrió  pero sin mostrar los dientes, como la sonrisa de una nena que expresa  algo puro, un gesto diminuto pero que filtra todo su espíritu. Luego, extendió su mano, yo se la apreté fuertemente, era cálida y se sentía como si estuviera sosteniendo todo mi ser con su mano, mi alma, que ella comprendía los años de soledad , de sufrimiento , de agonía , que había pasado , que reparaba con su mano toda la angustia que inundaba mi ser, y por ese momento pude sentir que era feliz , que tenía a alguien en mi vida , no solo a una extensión de mi mente interpretada por algún objeto de la calle a la que yo le daba nombre e historia, no, ella era real, ella me sentía y me podía ver,oír, escuchar, hasta comprender.
Suelto su mano y logro tocar la manga de su pullover de lana, que me dio una sensación de  contención momentánea , y de repente me dice , con un tono sincero  y  suave: “Te quiero mucho Pimpim” y entonces en ese momento no pude más, rompí en llanto,  sentí la urgencia de abrazarla pero no me lo permitía la altura de la ventana. Trate de disimular mi llanto, fue silencioso, solo eran lágrimas de mis ojos, y lo que intente decirle con mi voz quebrada por la emoción fue un : "Yo también te quiero" , pero después del “ yo también”  se me corto el aire por la urgencia del llanto gritando por mi garganta ,ella me miro y sonrió, yo la miraba de puntitas de pie para alcanzar  a verla.

Entonces escucho una voz que de adentro dice, “¡Tina veni dale!” a lo que ella responde: “Ahí voy";, entonces me dice “Chau Pimpim” y se va, se apaga la luz  de su ventana, mi interior se hace angustia y mis ojos se llenan de inquietud. El viento empieza a soplar muy fuerte y con el trae mucho frió, en esa parte de la vereda no había reparo, por lo que me sentía desnudo, el frió  chocaba contra mis estropeadas ropas, pero ya no podía irme, ya no, luego de escuchar su voz, de tocar su mano, de sentir su cariño, ¿a dónde iría?, ¿y la promesa que le hice de estar ahí para ella cuando salga? Jamás podría irme de ahí, me senté debajo de su ventana, me hice un bollito en el piso para resistir el frió y ahí me quede en la oscuridad, repitiendo en mi cabeza el dialogo, reviviendo su imagen en mis recuerdos, y ensayando lo que le diría cuando vuelva  a salir, ahí me quede ,en la oscuridad, esperando. El frió golpeando mi cara y la soledad azotando mi ser.
Cada vez que alguna nube tapa la luz de la luna o escucho algún ruido extraño o el frio se hace insoportable, repito en mi cabeza su: “Te quiero Pimpim” y se me llena el alma de esperanzas. Y todavía espero aquí sentado a que algún día salga de nuevo por su ventana y me diga dulcemente que volvió. Espero, a que extienda su mano y todo vuelva  a ser cálido y poder expresarle esta vez sin lágrimas, me lo prometo, “Yo también te quiero tina".


De Agustin Armesto

lunes, 19 de septiembre de 2016


Soltar las palabras,
que salgan de la piel,
Que salgan,
como hiel,
como miel.
Alojarlas,
en papel,
apoyarlas,
en tus ojos,
que ven.


sábado, 17 de septiembre de 2016

David Octavius Hill



Encuentros con una mujer del barrio

La vi en diversas ocasiones, pero lo que primero vi, fue su casa. Me tocaban la atención sus plantas, expuesta de una forma, muy cálida. Veía la
pared en la que estaban colgadas distintas macetas, pintadas de colores pasteles, y luego, observaba a las plantas asomándose desde las mismas.
Resultaba un espectáculo para la vista. De algún modo, fue como si la portada me estuviera presentando al libro.
Así fue como la empecé a saludar, arrojada por la curiosidad. Ella, y sus dos perros. Esa es la foto que salta en mi mente cuando la pienso. Ellos,
marrones y grandes, imponentes. Los tres mosqueteros.
Un día trabé conversación, pero lo cierto, es que no recuerdo demasiado de la charla. Sé que me contó sobre sus papás y la farmacia, y sobre sus
hermanas. Me doy cuenta lo difícil que es escuchar verdaderamente a alguien. O al menos, a mi así me pasa. Yo quería escucharla, quería ver quién
era esa mujer, pero por otro lado, si yo escuchaba bien lo que decía, y lo recordaba, la historia de mi imaginación se iba a ver rápidamente desmembrada. Si, la historia que había ido tejiendo, con todo lo que me gustaría que contuviera esa casa, esa mujer, esos perros. Con todo lo que  a mi me gustaría que ellos y su mundo fueran.
Entonces, tras hablar unos quince o veinte minutos, me fui. Me sentí bien por haber estado con ella. Se cruzo por mi mente el pensamiento de
que le había hecho un favor, porque las personas mayores siempre disfrutan mucho poder hablar con alguien (debe rondar los 85). Pero el hecho
es que ahora, pensando en eso que a veces pienso, se me ocurre despensarlo. Si es que ese vocablo es un posible. Las personas de veinte, como yo,
también disfrutan de una charla, y también necesitan ser escuchadas. La diferencia, es que en la juventud hay un apuro constante: por hacer todo eso,
que podemos hacer por ser jóvenes y frescos. Creo que a veces me vendría bien pensar que soy como ella, porque no estoy tan lejos.

Hoy clarlamos de nuevo, supongo que pueden haber pasado dos semanas desde la primera y última vez. La vi y sentí que tenía que hablarle. A continuación, frases de la misma. Mujer de pelo corto y gris claro, estatura baja, ojos como cerraduras de puertas.

"Estoy triste porque a la vecina le robaron el perro, no se ni su nombre, pero estos últimos días no la estoy viendo. Y el era su única compañía.
"Me dijo que desapareció" "piensa en que puede haberse perdido." "Desde que me dijo eso no la vi más." "Siempre lo llevaba para todos lados"
"Siempre salía con el a caminar. Lo mismo me podría pasar a mi, ya que mis dos perros son mi compañía."
"Quizás se fue al otro mundo."

La repetición que se puede ver, es real, y fue expresada por la mujer, quien emitía sus palabras desde la más profunda conmoción. Parecía ella
 misma perdida, con la otra mujer, buscando al perrito blanco y peludo. Me dijo que le gustaría buscar al perro, y encontrarlo.


Comentarios desgarradores y emotivos de una señora que ronda los 85 años. Su amor es para sus plantas y sus dos bellos perros, que la acompañan
cada día. En su vecina se ve reflejada. Siquiera sabe el nombre de la misma, porque el nombre resulta no ser tan importante, como la situación
que las une a ambas. Siente verdadera pena, y esta se ve en sus ojos, por aquella mujer, a la que le han arrancado quizás, a su ser más amado.
Yo, tampoco me acuerdo el nombre de la señora, a la que me encuentro subida sobre su cantero, cuidando a un árbol. En ciertos casos me
preocupa la facilidad con que me olvido de los nombres, que no se asientan en mi hasta que se ha creado una cierta familiaridad. Pero ahora,
frente a este caso, donde los nombres parecen ya no ser necesarios, me sorprendo. Cuando uno se siente identificado con el otro, cuando
se siente verdaderamente próximo, y sufre por pensar que el otro podría ser uno, el nombre pierde el lugar. La situación es el nombre.

martes, 13 de septiembre de 2016

Salir

¿Cómo se sale? cuando uno ha sabido guardarse, entre tantos desamparos. 
Se empieza, estirando una mano. 
Oliendo una flor. 
Escuchando, el canto de un pájaro.

¿Cómo se sale? de eso a lo que uno, ya ni se acuerda como entro. 
Se empieza, entrando.
Si se quiere salir, hay que entrar.
Entrar a ver, de qué salgo. 

¿Cómo se sale? de la visita constante al dolor
Se empieza, usando al dolor, como a un lápiz, como a un pincel,
y entonces, dibujamos. 
El dolor no es la cárcel, la cárcel es no ver.


domingo, 11 de septiembre de 2016

Al lector/ser/persona que me ve, y me lee, o viceversa

Quiero explayarme sobre un tema que me parece importante, en cuanto al que escribe y a los que leemos. En cuanto al que escribe, y lee, y es leído. A veces me da miedo compartir lo que escribo, por la conexión que siento con algunos escritos, pero después pienso, que necesito compartirlos, y superar ese miedo. Necesito del que me lee y piensa que apesto, que es horrible, como también del que piensa que esta bien pero tiene cosas que mejorar. Necesito del que me halaga con comentarios hermosos. Y cuando leo, cuando yo leo a otra persona, necesito utilizar muchas ópticas. No dejarme llevar por lo que yo sé para criticar o prejuzgar al otro, sino usar lo que se y siento, para tratar de llegar  a ver más allá del marco del cuadro.
Por otra parte, es cierto que escribir es hace ya mucho tiempo para mí una necesidad, que no se frena con los tormentos de la crítica, ni se asienta en deseos de una gran obra. Nada de eso. Yo escribo porque lo siento, amo escribir. Lo que mas quiero es poder ir ahondando en el camino de la escritura, conociendo distintos lugares, conociendo distintas formas. Después de todo, este es un escribir desde el estar aprendiendo.
Pero, en fin, el punto del que me voy, y al que ahora vuelvo, es ser críticos constructivos con los otros. No sabemos que hay detrás de eso que han plasmado, no sabemos siquiera tanto de ellos como a veces creemos. Supongo que  se trata de el aprender a leer, eso es lo que lo hace a uno poder entender un poco más de la escritura, No solo me refiero al aprendizaje sobre los libros, sino al aprendizaje de leer en muchos aspectos. Leer a las calles, a los museos, leer a los transeúntes enajenados, leer a los panfletos tirados en las aceras, y leer a los enamorados. Hay tantas formas de leer, y nosotros, estamos tan adoctrinados en ver creyendo haber visto, que nos perdemos de poder escribir...nos.


Aclaro que esta es nada menos que mi mirada, no es ninguna declaración parida por una seguridad incorruptible.






Receta para momentos de desesperación (si, de des)

Aprovechen la ocasión, y la sensación, para desapegarse. desentenderse, desabrigarse, de cosas que hieren, de cosas que invaden, de cosas que muerden. Desesperarse, es desestabilizador, pero aprovéchenlo, aprovechémoslo, para tomar el des como herramienta, desalojemos al después, empecemos ahora. Sí, empecemos bien. Desesperar, y también, ¿por qué no? desaprender. Emprendamos el camino de los des y desmantelemos el camino de los no, cuando les sigue el creceré, o el amaré. Desesperación, sí señor, error tras error, ¿y qué? desesperanza no, hoy no. Desamor, no, ya fue, su turno, terminó. Que sea "des" de desnudarnos: de ropas, de prejuicios, de temores  infundados, de ansias, de pensamientos malos. Que sea "des" de desencontrarnos, y luego que no sea mas, que sea encuentro, y que sea "des", de despertar, enredados, en "des" y en los otros, y en todos los signos que el infinito nos brinda hoy.



viernes, 9 de septiembre de 2016

Me siento

En estos tiempos,
de ansia exultante,
y energía,
contenida,
quedarse,
parece ser/es
un acto de rebeldía.
Vamos,
 de aquí para allá,
   seres diambulantes,
    y ya ni sabemos bien porqué,
         ni adónde.
Para cada pregunta,
   mil respuestas,
    y en ninguna nos decidimos,
           somos escurridizos,
                    como gotas,
          de un sauce que no llora.
 Nos vamos,
      y recién llegamos,
miramos al otro,
    como buscando mas allá de sus ojos,
      casi que lo atravesamos,
           pero siquiera lo tocamos.
   Sus iris resultan luces de choque,
     y las esquivamos.
                    Y uno no sabe que cae,
      ¿Cómo saberlo?
 caer o subir dicen siempre,
  el que se queda pierde,
 quedarse suena a muerte,.
Pero, ¿qué es quedarse?
 habitemos el momento,
 saboreemos todos sus contrastes,
que no hay sufrimiento,
 mas descalabrante,
que irse antes de conocer,
 que irse por saber irse,
 que irse, por tener miedo,
           de amarse






martes, 6 de septiembre de 2016

Franz Marc


Foto de Ana Lucía Ceballos

lunes, 5 de septiembre de 2016

Se me juntan las tazas de té en la mesa,
y los libros,
y los cuadernos de notas,
y así es mi cabeza.

Se me junta que a veces me expreso, y a veces parece que reincido, recurriendo a magia del pasado, que por ser traída a la fuerza se apaga. Se me junta que quiero, y olvido que quiero, y a veces que vivo. Y qué es de toda esta unión de casos fallidos, de escritos que empapelan la alfombra de un espacio virtual, pero que son un claro en la noche, donde todavía no duermo. No sé si me veo acá, o allá, o en todo esto, ¿dónde lo autentico? acometida, entre el freno que es no saber utilizar los signos que me dan respiro, y el alivió que produce soltarlos igual. Porque no importa, no están yendo a ningún lado, no esperan un viaje, ni una calificación, no tienen expectativas, ni avistan luces de neón. Necesitan salir, y salen. Recuerdo escribir eso hace unos años, hablando de reincidencias. puedo observar como me amparaba en el hecho de que si en la desesperación no podía parir unas señales de auxilio, nunca me vería. 
Soy ese careta que yo nombro, cuando me escudo en mi lugar, de no ser ese, al cual urdo/acudo. Me encuentro juzgando su accionar, como si yo no fuera al menos un poco participe, ¿qué estoy haciendo?
Cuando despotrico contra ese otro, no hago mas que acercarme hasta el punto de no ver lo unidos que estamos. Cuando estoy a punto de explotar por la vorágine de palabras expuestas ante el susodicho, que para el colmo, no esta presente de forma figurativa, pero de algún modo, está ahí. Porque las siento volver como látigos eléctricos, y también disfruto con ellas, puedo saborear con el paladar esa situación de rabia desatada. Al final se trata de un goce, de un juego donde el otro es una creación para la guerra que son esas partes de mi que no acepto. ¿Y qué si el otro quiere hacer lo que hace todos los días, y a todas las horas?, ¿qué me importa a mi si no es el punto de que lo siento como si fuera un poco yo ese otro?

domingo, 4 de septiembre de 2016

Las ciudades invisibles

(...) La mirada recorre las calles como paginas escritas: la ciudad dice todo lo que debes pensar, te hace repetir su discurso, y mientras crees que visitas Tamara, no haces sino registrar los nombres con los cuales se define a si misma y a todas sus partes.
Cómo es verdaderamente la ciudad bajo esta apretada envoltura de signos, qué contiene o esconde, el hombre sale de Tmara sin haberlo sabido. Afuera se extiende la tierra vacía hasta el horizonte, s eabre el cielo donde corren las nubes. En la forma que el azar y el viento dan a las nubes el hombre ya esta entregado a reconocer figuras: un velero, una mano, un elefante... (...)

Italo Calvino
Hoy es Domingo, 4 de Septiembre, me encuentro en el año 2016, pasando una apacible estadía en los veinte años. En este momento escucho a Norah Jones, Come away with me.
Me siento bien, y es en estos instantes donde trato de hacer memoria y acordarme de los malestares, para ver en que se basaban. ¿Cómo llegue a este bienestar? no es de la nada. No es una estrella fugaz, a veces pasa, pero esto es distinto.
Voy a describir uno de mis momentos "malos", ya que suelen vestirse de forma similar, los muy descarados. Cuando me los pongo, estoy enfocada en lo gris, y haciendo zoom de una manera especial. Aumento el tono de las sombras de forma gradual, no es muy rápido, ni tampoco muy lento, pero poco a poco, se torna intolerable. El enfoque, queridos, es muy importante. En uno de esos episodios, que no pasaré a contar por serme muy cercano, pero que aludiré como quien no quiere la cosa, me detuve a anotar lo que estaba pasándome. Porque claro, yo no podía anotar que me estaba creando un problema sola, y haciéndolo cada vez más intenso, sin tener conciencia. Pero lo que si podía, era escribir sobre esa creación, ese nuevo invento. Lo fui escribiendo, y viviendo, y así estuve combatiendo, con la cuestión y conmigo.
 No sé porqué lo hago, como de pronto estoy en una secuencia en la que algo malo me está pasando, y simplemente soy yo dibujando pesadillas que producen sueños. Sin embargo, lo imprescindible es que lo vi, y ahora lo estoy viendo. Tengo aquellas hojas, como constancia de lo que a veces veo como un crimén, donde yo me ataqué. Y por otro lado, también las tengo como si fueran semillas germinando un mapa, porque puedo verlas y saber que ahí me estaba perdiendo, ¡me estaba perdiendo mientras anotaba las coordenadas de la perdida!





viernes, 2 de septiembre de 2016