sobre lo que el otro hizo?, ¿cómo determinamos que no fuimos más nosotros que el otro?, ¿cómo saber si el otro no se perdió con
nuestra sed de ausencia?
Algo asombroso, es como decidimos a partir de la nada, lo que el otro probablemente penso, esa nada en realidad se asume desde los
patrones estipulados, desde lo que supuestamente pasa en casos como el que nos acontece. Sin embargo, caigo en la estupefacción con mi entrega
a esa comodidad, en la que por saber los posibles resultados, me conformo con ellos. Igual no estoy conforme, pero estoy actuando pasivamente.
Y la pasividad se acerca más al conformismo que a otra cosa. Claro que hay razones para no ejercer la voluntad...¿las hay? creo que los puntos
para no hacer se escapan continuamente, se desenroscan de los nudos que forman los dedos, y caen en un mar de vacío. La realidad, es que
nos chocamos con nostros mismos a donde sea que vamos, y el otro hasta quizás se encuentra igual, chocandose consigo, mientras yo me choco
conmigo, y así nunca llegamos a chocarnos. Para chocarse con otro uno debe desear ir más allá de lo que conoce de si mismo, debe admitir
la ignorancia, porque con ese otro uno no va a encontrarse con el que fue el viernes pasado, con ese otro uno no sabe a dónde va. Creo que
cuando uno se choca con uno mismo porque no puede llegar a un otro al que quiere llegar, se choca como defensa personal, hay algo ahí
diciéndote que no, que no sabes qué puede pasar, es mejor la muerte siendo el que somos que la vida sin saber, mejor el accidente de auto seguro
que el paracaidas incierto. Solemos elegir finales trágicos, pero conocidos, no abaratamos costos en ser originales, abaratamos costos en
no ser nosotros. Hay que dejar de ser uno, hay que dejar de ser lo que creemos que somos, no para siempre, solo un rato. Sabe a muerte,
sabe a perdida, pero así se crece.
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