Juguemos a que los ojos son astros, la noche llena de miradas, aquellos que ya no están pero se siguen viendo. ¡Porque los tenemos tan presentes!. Juguemos a que somos aquel manto encantado que nos vigila, ¿nos vigila?. ¡No! yo me vigilo. La noche es noche, y nuestro mar de miradas es el caos que la hace lucir tan especial.
(Se conjuga la lucha diaria entre el humano peleando consigo mismo y la naturaleza como salvación)
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