Escribir para mantenernos vivos

domingo, 9 de octubre de 2016

El voto de silencio

A causa de un fuerte dolor de garganta que me está acometiendo últimamente; probable consecuencia de guardarme los lentes, y no dejar que se
me caigan las hojas del otoño, así fue que decidí hacer un voto de silencio. No hablar con la boca, escuchar otras voces, y escuchar otras partes de
mi. Lo cierto es que no es nada sencillo, ni llevarlo a cabo, ni realizarlo. Por empezar, la mayoría de las veces no se da el marco para poder
no hablar, ya que las circunstancias en la sociedad suponen que si uno tiene el privilegio de poder hacer oír su voz, no va a dejar de gozarlo. U, para
cambiar el tono, porque no se permite no hablar, a causa de lo que pueden causar los silencios.
No estoy contando las horas ni nada por el estilo, pero el asunto es que utilizo un cuaderno para comunicarme con las otras personas, que vendrían
a ser el factor "complicado" de la situación. Son las que interfieren a que no hable por un mes, suponiendo que fuera a hacer algo semejante. Sin embargo,
lo cómico es que hace tan solo unas horas, me encontraba sola en mi habitación, como tantas otras veces, y hable. Me distraje y escupí una queja. Claramente
perdí la concentración, me olvidé por completo de que no tenía que hablar, no solo con los otros, tampoco tenía que hablar en voz alta conmigo. Podía,
claro, hablar en silencio. No hay ninguna represión en callarse un rato, creánme, intentelo un momento. Se siente muy bien, no sé aún cómo explicarlo.
Yo soy de esas personas que no temen hablar estando solas. Me es algo totalmente natural, por eso mismo dejar de hablar implica más que un cambio con
respecto al entorno social. Es un cambio para conmigo misma. Supongo que escuchar mi voz es algo tranquilizador. Pero escuchar mi silencio, eso es otra
cosa. ¡Mi silencio habla!

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