Nunca hay tiempo para lo desagradable,
primero hay que ser alguien,
después comprar gaseosa,
después saber qué es lo último y lo primero en tendencia,
después actualizarse el propio software,
después dar un beso para la máquina de besos
Nunca hay tiempo para lo desagradable,
y de pronto,
nos olvidamos que para disfrutar profundamente,
tenemos que aceptar el fango.
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