Miranda no dejaba de mirar el cielo, qué le pasaba, no sé, Miranda miraba miraba miraba miraba miraba miraba, capaz esperaba que algo pasara, claramente no en el cielo, pero en ella al menos. No sé, mantuve ante ese acto cierto tiempo prudente de respeto, hasta que sentí pertinente sacarla de su ensimismamiento.
- Miranda, vení, volvé. Le dije despacito despacito. Ella no salió de su estado, apenas si movió lentamente un dedo, como diciendo, "acá estoy".
- Por favor, recordá lo que hablamos, no podés irte tanto tiempo, ese es el trato. No es que yo dijera algo mágico, sino que presenté un recuerdo con efecto contundente, y así como por arte de transferencia, trabajo, conexión, ella regresó. Sus ojos volvieron hacia mi, con cierta extrañeza, como si hubiese estado realmente muy muy muy lejos.
- ¿Cuánto tiempo?. Exclamó.
.- Esta vez fue media hora. Le dije, manteniendo el tono de voz templado y comprensivo. Sus ojos paulatinamente recobraban cierta vida terrenal.
- Gracias. Era difícil hablar con ella en esos episodios por así decirles, pero luego de tantos años de relación, ya había aprendido que lo mejor era entender que algunxs necesitan irse para poder seguir estando. No es raro si les hace bien.
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