No te estoy viendo,
y no me estas viendo,
entonces,
este juego de no videntes,
de egos colmados de fuego,
se vuelve una lucha encarnizada.
Enloqueces porque no solo,
no quiero,
no me animo,
a encender la antorcha.
Y sin embargo seguís ahí,
en una espera que se quiere fugar,
pero no le da el alma.
Los sentidos no están despiertos,
sin embargo,
se encuentran ardiendo.
El caos que es no ver,
amenaza con incendiarlo todo.
Ni cenizas,
ni brazas,
tampoco gasolina,
se nos apago la esperanza,
nuestro brillo es negro,
nuestra humanidad,
soñada.
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