Escribir para mantenernos vivos

viernes, 4 de diciembre de 2015

¡Se corto la luz!, ¿se corto la luz?





Ruth Bernhard




Se corto la luz, y no importa, no se me apago la energía.  "Anda a preguntar que pasa" dijo mi madre (aunque tampoco le importa tanto).
El corte de luz en la actualidad que estoy transitando, se me presenta como un descanso. De chica, cuando se desconectaba la posibilidad de seguir en el trance de la red, lograba volverme un ser desesperado y ansioso, una especie de adicta a un enchufe conectado. 
Los nervios y el desasosiego me llevaban a hacer llamadas recurrentes a la guardia, hasta que terminaba acudiendo en persona a la misma. Cabe aclarar que vivía, y vivo en el presente, a tres casas de esta, si cuento la mia.
Ya en la guardia podía quedarme hablando largo rato, con tal de alejarme del mundo sin luz que era mi casa.
La situación de estar sin luz era sin duda, un viaje a otro panorama, una transición curiosa. Primero me volvía un torbellino, y de a poco, cuentos que van, juegos que vienen, todo amainaba. Y al final, concluía en que no había sido tan malo el corte. Sin embargo, más allá de los finales felices, me hace reír en este instante recordar cuando empezaba a despotricar contra los de la luz (así les decía), los señores de la luz. ¡Que ocurrencia!
Toda clase de improperios se me ocurrían. Dejemoslos librados a la imaginación. Mi progenitora ante ellos medio se reía, medio no sabía que decir, más que nada por el hecho de que dijera lo que dijera yo me dignaba a no entender. 

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