Una obviedad no tan obvia
Estamos habitando un contexto que se viste todos los días colores "diversidad". Sí, se pone todos los colores y los lleva bien puestos. Frente a este momento, muchos sujetos (y esto no es nada raro) no entienden absolutamente nada. De pronto yo siento que se me murió mi segunda mamá, porque se fue mi abuela. Y no por el hecho de que haya un lugar determinado (eso es todo un invento) sino por la misma sensación de muerte. Actualmente estoy distanciada de mi vieja, aún cuando la amo con todo mi ser. La gente suele no entender esto, y supongo que ni ella ni yo entendemos, pero la situación nos excede todavía. El punto (al que debo volver) es que sentí exactamente lo mismo, se llevaron otra parte de mí. Me rompo en mil pedazos de nuevo y nadie me pide permiso. Obvio que no, Lucía, hay cosas que no se avisan. No estamos hablando de una factura telefonica.
La diferencia entre la relación con mi vieja y la relación con mi abuela es que mi abuela no vuelve. Su cuerpo se fue, no tengo ningún lugar donde constatar ese amor presente que late. Porque yo, por más que no veo a mi vieja hace más de un año, por más que esto suene completamente descabellado y sin sentido, les juro que puedo sentir que está viva y eso me llena de gracia. Me enteré hace poco que publico un libro que se llama Amorodio, lo que me llenó por completo de felicidad porque sé todo lo que se esforzó por hacer su deseo realidad. Sin embargo, hay distancias que son completamente necesarias. Quizás contradictorias, quizás absurdas, quizás sin ningún encuentro en este mundo de razón y experiencia empirica que vivenciamos a diario... (...)
Les decía. El cuerpo de mi abuela ya no vuelve. Es decir, yo puedo ir al cementerio dentro de unas semanas cuando sea esa misa que se hace en Junio, y ahí voy a poder fingir que de algún modo sigue acá conmigo y con todos nosotros para sentirme un poco mejor con la humanidad que me corroe. Es decir, su cuerpo todavía se descompone, porque los bichos tienen banquete para rato con su delicioso templo. Y por desgracia, para mi ya no hay nada de eso. Ya no la siento latir como a mi vieja. Es algo que no puedo explicar de ninguna forma que no sea escribiendo.
Ahora puedo ponerme la ropa de mi abuela (notese que repito el "mi" sin cesar con ese apego del mortal a los cuerpos) sin cesar. Hoy (en realidad ayer) disfrute un montón usando una pollera que encontré en su armario. Ella me decía siempre que no le gustaban las polleras ni los vestidos, sin embargo me ví completamente estafada al descubrir en su armario a estos especímenes. Claro, qué ilusa. Sin mi abuelo, el amor de su vida, ya no le gustaban ni las polleras ni los vestidos. Después de él se volvió puro pantalón y camisa, se volvió el abuelo prácticamente.
Me hace bien escribir esto para apuntar a una cuestión que deseaba fuera la central pero capaz no me salió muy bien...creo que es sumamente importante aprender a ser críticos y cuestionar determinadas estructuras sociales que nos están haciendo muy mal. No importa si tu abuelo es tu mamá, si tu viejo es tu tío...No importa si tu hermano por unos días se comporta como tu primo. ¡No se va a caer el mundo corazón! Los roles cambian constantemente y se actualizan como la mente. No somos inertes.
Es completamente fundamental que esto pase. Dejemos de reprimir a las personas por querer cambiar todo el tiempo. Dejemos de asustarnos de que el otro ya no nos quiere en sus vidas, de que el otro deidió tomar otro rumpo, de que ahora le gustan otras cosas. Es su vida, no la mía. Si el otro es feliz, ¿en qué me jode eso a mí?
Juguemos un poco con los roles, y dejemonos de joder un poquito con que todo tiene que ser igual siempre. Porque en serio, ese tipo de mentiras, matan mucha gente.
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