A veces lo verdadero no está en las charlas
Juana se buscaba en lunas, en claveles y en hojas amarillas. Pero también, de vez en cuando, se encontraba perdiéndose en caras, escalando entre palabras, buscando entre mañanas, ese algo, esa sustancia. No sabía bien qué era, acaso si hubiera sabido, se hubiera convencido de no saber, con tal de poder buscar. Juana buscaba aquella incógnita como quien busca el cielo y el infierno, que por única vez, vienen juntos.
En las charlas era donde más buscaba, desesperada, ante una palabra o una frase, con la que enhebrar sus hilos de noches y días en los que soñaba, con lo que esperaba. Y era entonces, como las charlas pasaban. Y la nada pasaba con ellas. Y las repetidas Juanas.
Juana se creaba a veces una doble, para pasar las noches sin horas, y jugaban a inventar cuentos. Inventaban personajes sin tiempo, y sin espamentos.
Un día, se encontró en un árbol poblado de hojas naranjas. Increíble, estaba allí. Podía sentirse. Ya no había charlas, ni espera, ahora primaba la vera.
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