Escribir para mantenernos vivos

domingo, 20 de agosto de 2017

Caído el imperio de las idealizaciones, aparece el único sueño. Uno. Cuando se agota la posibilidad de pintar al otro con lo que nos sacamos, el matiz se enciende. Entendemos que nadie va a venir para sacarnos de un letargo. De no tener el caracter para sostenermos, debemos construirlo. Es un invento el hecho de pretender que un otro cubra nuestros huecos invisibles. Tenemos que hacerlo nosotros, en la construcción colectiva de autosuficiencia. No hay mejor forma de salvarnos que construyendonos. No importa cuánto cueste. Siquiera tiene sentido cuestionarse el tamaño del dolor. Hablamos de la muerte de toda alternativa posible. Ya no quedan estructuras. No hay nada para respaldar el no hacer. Todo está absolutamente vacío. Dispuesto a dejarse moldear por tus manos de inventor. Deseoso de que lo complazcas. Bello es pensar, en la hoja blanca. ¡TODO EN BLANCO! ¡LIBRE! ¡PODEMOS DIBUJAR! ¡Por fin llego el momento de dibujar! ¿Qué puede ser mejor? No hay traba ahora que pueda frenarme. Porque yo sé que quiero crear mi estructura. Yo sé que quiero un solo sueño, y ese es mi verdad. Durante toda mi vida, busqué observar esa hoja. Y ahora puedo dibujar.
¿Qué importan las estructuras que siguen en el mundo mientras formo la mía? Murió quien no creía poder. Al atravesar la muerte del miedo, todo se vuelve en un desafío bueno.
Porque estamos hablando de nuestra mente y los esquemas que nos moldearon hasta hoy. Eso está en nuestras manos. ¡Podemos cambiarlo! Sabiendo eso, colectivamente, se pueden empezar a caer todos los mundos. Porque, al final del día, quien se sabe siendo su propia estructura es quien vive el mundo.

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