La muerte del niño inventado
Un día el niño murió. Se le cayeron las ideas de sus padres. Las de la sociedad. Las de sus ídolos. Todo empezó a caer. Y el niño no hacía otra cosa que mirar el asesinato del mundo ficticio. Adiós a la protección para vivir seguro. Todo se caía y no se podía hacer nada. Cómo si su vida no hubiera sido otra cosa que inventos de los otros, para que de alguna forma u otra, él llegara a descubrirse. Y ahora que estaba realmente preparado, debía limpiarse todos los esquemas ajenos, para poder ser verdadero. Porque sino, se volvería un farsante. Si seguía asumiento lo prestado como suyo, no sería más que un usurpador. Entonces, a pesar del dolor desgarrador que significaba encontrarse desnudo en la selva, una calma inmensa abordo su cuerpo. El resurgimiento se hacía presente. Cómo si recién pudiera abrir la mente del sueño. Muertos todo lo que no era él. Podría ser. Y el mundo se volvería agua, para saciar el deseo inconmensurable que brotaba de sus entrañas.
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