No estoy perdida. La realidad, es que nunca estuve tan cerca de encontrarme en el mapa. Ya casi puedo divisar mi nombre merodeando por el sonido de los pájaros. Debo dejar de creer que la que soy cuando creo es otra. Porque es ahí donde la verdad es más cierta que nunca. Y si me sigo escondiendo en cuevas, no podré ver. Tendré que ser afectuosa con la condena de negarme. ¡NO! Dejaré de cumplir con el pacto mediocre en donde lo bueno es un sueño, en vez de significar todos mis huesos. Aquello que brota en este preciso instante, no es otra cosa que sed. No me es ajena la capacidad de regar. Sí, duele haberme visto la mayoría del tiempo separada de quien era. Creyendo que tan solo se trataba de escapar. Duele porque no hice otra cosa que ignorarme, incluso hoy. ¿Hasta cuándo pienso inventar guerras? Necesito no explicar qué es eso que ocurre cuando simplemente acontezco. Es imperioso que entienda, todo es un sueño. Es mentira que solo soñamos de noche. Tan solo nos ayuda el manto nocturno, a entender lo que el día dejó en pausa. ¡TODO UN SUEÑO Y YO SIN QUERER SOÑARME! ¡YA NO MÁS! Se acabó, pegaré este escrito en las paredes de mis días, hasta que se me rompan los lentes tímidos. Volveré a ver lo que dije. Volveré cada vez que me muera en una nube racional. Seré, cada vez más lo que veo, cuando no tengo miedo a despertar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario