Madrugada
Me encontraba yo en una noche nublada en la 9 de Julio, subí a un colectivo que recorrió esas nostálgicas calles, puede que haya sido el fin de semana largo o el repentino calor de la entrante primavera lo que incito a la gente partir, el caso fue que me encontraba en una ciudad sin luna, sin estrellas, sin las luces de los autos, con un corte de luz que dejo ciegas las ventanas de los edificios, apagados los carteles y apáticos a los semáforos, nos sentamos en los asientos de este colectivo, en su interior una pálida luz inundaba el transporte, una luz, que, irónicamente contrastaba con la intimidante pero acogedora oscuridad que afuera transcurría, haciendo parecer al colectivo como un bote ala deriva en un mar oscuro pero calmado, como una pileta oscura en el verano, que con su agua tibia te hunde en el entorno y te hace parte de su enigma, quien sabe yo y mis memorias como bailaban risueñas en mi mente, deseando capaz invocar recuerdos de nostalgia, bromas cínicas y promesas lujuriosas que en estos climas nacen, pero mi amigo y yo embriagados por la bohemia, vagábamos sin rumbo en un confort de limbo.
De Agustin Armesto
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