Escribir para mantenernos vivos

miércoles, 16 de agosto de 2017

Como si pudiera decir lo que voy a hacer sin antes preguntarle a mi sed, qué quiere. ¿Desea tomar usted, un trago de agua? Porque quizás, es otra cosa, lo que espera. Quizás, al ser prácticamente agua, ansía algo que no está en usted. Dígame, no sea tímida, querida acompañante. Cuenteme a mí, que al final no soy más que una escucha. Aquí, intentando sintonizar con mi propia radio. Grite, si es necesario. ¿Hay algo que pueda ofrecerle?
Aparece la voz.
Puede darse lo que ya tiene. Saquese todo lo que cree tener, eso solo significa engaño. Desnuda tiene que estar para poder darse cuena de cómo se apaga la sed. Sin ninguna piel. Necesita sacarse, aún cuando parezca que todo está desprendido. Porque allí es cuando el descanso ficticio interrumpe a los sujetos que quieren colgar las ropas. Piense: Si no hubiera nada, siquiera podría darse el disgusto de pensar en que ya no hay nada. Cuando esté realmente en cueros, no va a haber que pensar. En ese preciso momento, aparece el extasis.

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