Escribir para mantenernos vivos

domingo, 20 de agosto de 2017

Proyección simbólica

Lo que veo no es otra cosa más lejana. Aquellos símbolos encarnan el mensaje de las incógnitas y ellas no son ajenas a mis sueños diurnos. De sus cielos están hechos los ciclos que ocupo. ¿Cómo es entonces que no sé definir mis alrededores?, ¿en qué cabeza cabe la falta de consuelo? Al observar, solo encuentro pistas. El olvido las quiso dejar, como migas de pan, para ayudarme a ser mi propia lectora. Señales, juegan a dejar de ser esquivas. Objetos miran, comienzan a disimular la sorpresa. ¿Ya los vi a todos ustedes?
Esta imagen no me suena familiar, como si haberla haberla sacado ayer del rollo, le diera un halo. Desconfio, como detective reacio a dejarse convencer por las artimañas del maleante. No, este día martes no fue visto nunca por mis ojos. Quizás otra se disfrazó, y los convenció, cual impostora triunfante. Pero puedo jurar que jamás he tocado la tela templada, salvo hoy. ¿Y si en eso consiste este ficticio suspiro? en revelarme lentamente. Enrollada, guardada, encubierta dentro de lo analógico. Así han de verme los ciegos; igual a un rollo. ¿Quién sacó las fotos que debo liberar?, ¿dónde está el artífice? 
Escondido, tras sombras inconscientes. Empuñando un arma. Inconcluso en el misterio, y completo en el recuerdo. ¿Por qué dijeron lo imposible? Construyeron una memoria incorruptible. Ahora tengo que cavar y desmontar; el concatenado evento de glorias imprescindibles. Sacarlas de este hábito que es despertar. No son esos los álbum de mi futuro. 
Tan abierta a una pasión que se queda sin boca, y al mismo tiempo, expuesta en la muestra de la derrota. Vengan, entren al pasadizo que son estos pensamientos truncos. Atrevanse a pasear por el piso 16, allí dejé la última foto que me robé. Sí, delinquí. Fui capaz de robarle a ella (humana), otra película velada.  Total, siquiera puede preocuparse, ahora está haciendo sus deberes. ¿Cuáles? esos que la alejan de mí. Cuando desea no verme asiste a diversas burocracias. Algunas pueden llevarla en millas que son cohetes, Y yo acá, condenada. Esperando el ejercicio pleno de este asunto que no tiene tiempo. Sin embargo, últimamente, ha recuperado la consciencia. Viene los días donde el té reina, y cuenta sus problemas mundanos. Viene, sin saber que nunca pudo haberse ido. Aceptando por completo el rol de una ignorante con vestido. Si supiera que la veo mientras me mira. Capaz, algún día cercano, ella decida sacarse el escarmiento de no ser un humano. 

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