El amor si correspondido
Durante ínfimos meses, tuve cáustico temor, a eso que algunos llaman amor no correspondido. La sola idea de verme desnuda ante otro ser me producía espasmos en forma de golondrinas tuertas. Porque para mi la exposición corporal, significaba una hoja en blanco. ¿Cómo permitir que otro vea lo que yo aún no había visto? Porque esa imagen visualizada a través de sus ojos, no sería yo. Pero quizás creería que si. En una de esas, caería en la trampa. Entonces quedaría devastada ante la obsecuencia del vacío.
Imposible. Debía perpetuar la espera, hasta que el puente hallara nombre. Rendirme al palacio de las convenciones no era una opción. Esperaría. Si la curiosidad ya estaba saciada. Se podía continuar.
Ahora me pregunto. Ahora que me siento lista, porque descubro que hay un río cubierto por el sosten de unas ramas. ¿Es posible lanzarse a una melodía que no suena?, ¿cabe en la pulsión humana?. Quizás esos actos que a diario operan en las sutilezas maquinales, no son otra cosa que aparatos. O puede que en algunos casos, su forma de saberse vivos sea huir en químicos. Y solo a través de ellos llegar al puerto, para desmantelar el marmol sombrío. Sí, creo en ambas. Sin embargo, existo más en la primera.
Ya no espero. No hay semejante figura del rechazo, más que la de uno mismo. Desentrañé el misterio, después de nadar en letargos eternos. Nadie puede negarse al fulgor de mi visión nívea, porque eso solo está en mi haber. Encauzado en mi se encuentra. Si lo saco, despacio, como quien deja respirar a la piel...siento el sonido del corazón. Y allí acaba, el último aguijón tenebroso. La cueva de los sueños rotos. Ojalá fuera un canto épico, el valor de sacarse todos los huesos, para poder tener un viento. Pero, no nos quedemos en añoranzas. Qué sea. La marea espera en casa.
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