El idioma desconocido
A veces, como hoy, me pasa que siento un monologo interior. Sin embargo, no logro decodificar sus palabras. Parece no tener concordancia con los conocimientos que si coordino. Esto, en realidad, no me sorprende. Porque...creo que no tiene mucho sentido ir por la vida aprobando idiomas desconocidos, sin tener idea del propio. Hay una especie de código en mí. De a poco aprendo el método más eficaz, para tardar menos, en recibir. Cuesta, duele bastante. Si bien nunca me cerro esa idea donde uno tiene que ir aprendiendo cosas ya creadas, sin ser partícipe de la creación...recién ahora entiendo todas esas perturbaciones mías. ¿A quién se le ocurre idear un modo donde no se incentiva a crear el propio idioma?, ¿de donde viene ese velador sin foco?. ¿Cómo se supone que alguien va a poder aprender a dialogar con otro si no maneja lo indispensable?. Yo quiero, aprenderme. Deseo, enseñarme a mi misma. Observar a la que soy, y gozar con esa clase, donde contemplo formas no siempre conocidas. ¿Por qué habría de procastinar eternamente esta admisión? No tengo ganas de posponerme como una alarma. Si escuchar a los otros no es crear un idioma. Si compartir con los otros no es plantear una inventiva vehícular, ¿qué sentido tiene?. El encuentro, tanto individual, como colectivo; debe ser creación. Es mentira eso del descubrirse a través de un canal. Si uno no se sabe siendo, no hay más que farsas. Hay que destruir desde las raíces, el improperio martir donde uno nace conociendose. Porque lo real es que sabemos sin saber nada. Y tenemos sed. Y queremos tomar (cómo mi primera palabra, agua). Nacemos queriendo bebernos todos los mundos. La pregunta es, ¿cómo saber que bebemos, si no podemos crear nuestra propia agua?.
No hay comentarios:
Publicar un comentario