Carta a la nada
Decidí empezar una seguidilla de cartas sin ningún tipo de destinatario más que la nada. ¿El fin? Desplegar cada una de las alas que no puedo dejar en ningún otro lugar.
El eje central de este comienzo, es la búsqueda de ese infinito que siempre me acompañó en lo imperceptible. Desde que tengo noción de mis recuerdos, allí estuvieron, fieles a mí, los destellos de nada. Sin pedir absolutamente ninguna retribución a cambio.
Hoy siento, como nunca he podido. Un amor sin explicación brota de todos mis centros. Crece una flor, sale de mi cuerpo y visita todos los días al sol. Esto ocurre porque acepte una entrega total e indefinida por el amor de mi vida. ¿Cuál es?, ¿qué nombre tiene? No hay ningún nombre. Encuentro en mi corazón un dibujo completamente abstracto, sin forma material. Lo observo y todo lo que puedo ver es belleza pura. ¿Cómo? Porque no le busco sentido, ni fundamento. Simplemente disfruto y me compenetro con lo que palpo a cada momento. No me pregunten de qué manera, pero un amanecer nuevo es una vibración de dicha que contemplo.
Los miedos dejan de sacudir constantemente el cuerpo. El continuo organigrama de los días y los meses deja de tener su rutinario funcionamiento. Firme estoy ante la burocracia como orden de lo social, mientras que al mismisimo instante soy relajación en la tempestad. "El caos es un orden por descifrar" decía Saramago. Así lo creo yo, a esta declaración dorada le dejo el reino de mi alma. No hay lunes ni viernes, sino días y días que te conciernen. "Nadie" no te obligó a ser un ancla atada a los días de la semana. Lo hizo "Alguien", un ser sin forma ni entidad lo suficientemente clara como para brillar, pero con una oscuridad inmensa para ocultar tu libertad. Todas las herramientas están en frente, la habilidad se encuentra en tu mente.
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