Escribir para mantenernos vivos

miércoles, 21 de junio de 2017

Mi enojo no es con vos, es conmigo. Duelen mis labios rotos, descosidos por el frío siniestro, del olvido y lo que no llevo puesto. No hay forma de sentir rencor, porque lo que te veo de malo, también tiene un lado de el Dios Sol.
La perfección existe, y consiste, en considerar que somos perfectos como caminantes. Quien camina y se construye, se asía en las grullas que lo obstruyen. Puede aspirar el perfume de lo paradisiaco.
Han salido los comerciantes por la calle, hoy que hace frío, hoy como todos los hoy del comienzo de este sino. ¿Qué venden? todo aquello donde no existimos. Vendedores de ilusiones; secretos envueltos en formas que solo nadie conoce. Un señor va y compra, deja entrar los consejos ilusorios en su ronda. Se lleva un sueño rosa. Este le empolva la ropa, el cree que ahora es guapo, ya no se siente una roca en su zapato. Más luego, un vacío toca su puerta. Y el señor corre a atender. Corre tan fuerte como le alcanzan los pies, porque en su vida no hay tiempo para no atender puertas. Abre y ve la nada. Otra vez en su umbral. Lo mira con los ojos inyectados de sobriedad lubricante.

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