Solsticio de arena
Este es el cuento que se cuenta solo. No tiene ganas de ser contado por otro. Siempre olvidado, dejado en algún lado, donde sobran los "prontos". El cuento sueña que algún día será su ponencia. Hoy llega con presencia esa armonía en vela.
"Había una vez" un contador contandose. Escucha lo que dicen los mundos, y exhala suspiros tremebundos. Concentrado en el tiempo del sueño, este sujeto se sueña excelso, sin des-consciencia. Quiere arrimarse, porque el ya empezó a sanarse. No existe ya amor por el sufrimiento, porque toda su experiencia es viajar en el tiempo. Recuerda mientras sueña. Se asemeja a una de esas personas que se encuentran porque se piensan dandose cuerda. Liviano camina por la tierra, ya que el aire, recorre cada una de sus venas. ¡Se han acabado los desencuentros! Ahora cada "día" es una enredadera hacia el mejor de los ríos quietos.
Rota en si mismo el cuento sin sismos. Él cambia por ser vivo, pero no lo cambian, su túnica áurica lo protege de cualquier desatino.
Quiere contarse. Nadie arremete con su arte, y así, con ayuda de su guía, logra darle luz a cada instante.
Cuento que se ha contado porque quiso ser soñado. Y quiere seguir, no piensa aún sucumbir. Él se cuenta porque debe existir, su latir es imprescindible. Existiendo y latiendo hay circulación. Si la sangre se desenvuelve los corazones no temen la muerte ni temen la voz.
Penetración, cumulos que son arroz. En eso consiste la próxima misión del cuento vestido por el sol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario