No hay una llamada
ni un telefono sonando.
Nadie atiende,
bambalinas dormidas.
El vacío le cuenta
a sus hijos,
el final
y allí encuentro mi principio.
Señales no se escriben
en este diálogo
poético.
Esto es solo una descarga de suerte.
De nuevo escribo,
poseída,
por lo que me crea.
Yo le creo.
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