Escribir para mantenernos vivos

lunes, 12 de junio de 2017

Soy carne deliciosa,
los gusanos sentimentales
la atraviesan
suben por la cuerda de mi demencia buena

Estoy destruyendome 
cortando con serruchos la pared.
Convertí a mis piernas
en sicarias furibundas de penas absurdas. 

No me gusta lo que escribo.
¿Acaso eso incumbe
a la humana
que sucumbe mientras se hunde?

Rompan todas sus casas.
Quemen sus malditos apegos.
No existe,
aquello en lo que no me siento.

Creen que tienen cosas,
gozan yendo a malgastar
lo que no saben apreciar.
¡Revuélquense en el fango de la tempestad!

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