Escribir para mantenernos vivos

sábado, 22 de julio de 2017


39 grados de fiebre. Estomago fundido. La negación imprime un nuevo destino. No quiero sufrir de nuevo mis propios improperios. Tengo que arrancarme las estrofas, porque sino no salen. Fuertes son mis cotas, cómo planeadas por Hefesto, para que no exista posible derrota. Sacarme las defensas que cubrieron estos cuerpos sin primavera, duele al nível de sentir que estoy cumpliendo condena.
¿Cuántas vidas he pagado ya, con el objetivo de llegar a lo que estoy por contemplar? Siento el martilleo de las horas que nunca fueron horas sobre mis montañas sordas. Siento una inutilidad completa surgiendo de todo lo que embiste mis sentidos sin tiempo. ¿Acaso me pueden trasladar estás frases rodeadas de calor solitario?
Los castillos que siembran el nuevo tempo, susurran en mis oídos lo que no entiendo. ¿Por qué tengo que escuchar?
Estoy intentando esconderme pero no encuentro lugar. Se me acaban, escaparates desaparecen de la mirada ensoñada. No sé a dónde ocultarme. No me malinterpretes, quisiera poder embarcarme en un suspiro sin más sosten que el infierno que somos. Es tan solo el miedo que creía olvidado. Viene a besarme, con sus labios cincelados de hojas petrificadas. Puedo soñar ahora con la saliva conocida, aquel amante que no ha dejado nunca la vida que consistía en robarle lágrimas al tranvía. ¿Y si tu lengua es mejor que la suya?, ¿cómo puedo saberlo? Siquiera existís. ¿Tengo que crearte?, ¿acaso esto se trata de darte entidad en la oscuridad que dibuja mis venas?
¿Queres que esboce tu dibujo con un lapiz de cielo? Tal vez si te creo pueda verte. Podría por un instante, quedarme con una pluma del aire. Y así traerte a mi entendimiento ciego. Creo que es posible. En una de esas, esta noche trazo tu figura, aquella que tanto me recomendó la luna. Puede que decida ser una artista bondadosa, que se ama y por eso crea una medicina harto gozosa. Sí, debería derrumbar los colores tenebrosos. No tengo velas en mi portafolio ya. Se acabaron las bendiciones para lo que no puede fulgurar un amanecer de mar.
Se me van las manos del cuerpo con estas frases, quedo tendida como te place. Agotada estoy, del tatuaje que es tu sol. ¿Acaso te estás inscribiendo ahora sobre el pergamino del viento?
Si pudiera decirte que soñaba con no soñarte y por eso no permanecías más que en los retratos ingenuos. Es ahora donde no sueño con sonar, donde descubro que aún deseando tenerte al otro lado del mundo, en el confin de mis cuerdas te encontras.
No quiero oponer resistencia a lo insondable. Hastiada estoy de ser comida por los peces que se ríen de mi no sensación. A lo sumo me va a derribar una tormenta. Cómo mucho perderé la cuenta de lo que es elevar apuestas. Nada más. El delirio es la enfermedad de no amar.



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