La nada me excede. Aún deseando el olvido que huele a canción, te trae a mi jardín. Por más que el raciocinio llegue hasta la puerta del sentido, yo solo te encuentro si su olfato no sigo. Cuando despierto, me cuesta levantar el sino que no te trae consigo. Parece que en los nocturnos hemos estado juntos. Siento la sensación presente: a la noche descansamos de esta suerte. Yo no sé, tan solo no quiero dibujar por siempre historias donde los ecos fantasmales me miran. Sin embargo, tu presencia indómita permanece estable en las penumbras que se divierten jugando con mi pelo. ¿Qué puedo decir? No tenemos teléfonos, siquiera experiencias visuales. El tiempo de esta vida no fundamenta el crecimiento de una flor. Pero creo firmemente, ser capaz de cambiar las reglas, para poder sacarnos de este desierto.
Lágrimas inconexas circulan las calles de mi cara, cómo si tu poética mirada sonrierá. Quizás esta condena nació pactada. No he de renegar, ante una potestad que sabe iluminar. Abrazaré a las burbujas de sal. Ya no necesito respuestas, siquiera interesan las bestias. Alcanza con existir hilvanando vivencias. Deja de importarme, el futuro indeleble, los sentidos son más sabios que el invierno que transita mi encanto. ¿Por qué pedirle deseos al viento? Si yo a la noche te siento.
27/07/2017
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