Escribir para mantenernos vivos

martes, 25 de julio de 2017

No sé de qué escribir. Por lo tanto, eso significa un escondite. Algo se encubre entre las mazmorras mentales. Porque, nunca falta el material, sino el visionario.
Ustedes, habitantes del público y la butaca observadora. ¿Creen en que no pasa nada?, ¿realmente pueden vivir con esa risa escandalosa en su consciencia? Veanme a mí en este instante. Tengo la entera noción de que algo está ocurriendo, y probablemente se trate de una cuestión sumamente importante. Sin embargo, percibo apenas un pestañeo. Solo puedo distinguir su cuerpo inconexo flanqueando el mío. Cómo la tormenta de la cual desconocemos el impacto. 
Existe toda una alucinación colectiva, donde se le tiene terror a la ignorancia. Este miedo es sumamente incoherente, ya que es prácticamente imposible no tener algún grado de
"falta" en lo que respecta a este mundo plagado por exigencias ilusas. La muchedumbre tiende a opinar que si no hay saber, existe el caos inmanente. ¿Y?, ¿qué tiene de malo? Cuando ocurre un acontecimiento terrible, erroneamente, la persona espera tomar un descanso de las desgracias que llueven en su vida. Pero no, eso es un imposible. Estamos acometidos por una avalancha de inconvenientes. No hay tiempo para personas con ganas de sentarse a tomar el té mientras se hunde el barco.
¿Qué pasa cuando se vuelve a encender la luz? No vuelve todo a la normalidad. No se convierte la vida en algo con oxígeno. Simplemente te engañas. Pensas: "Bueno, ahora está todo bien". Mecanismos defensivos, nada más que eso. Lamento decir que las cosas siguen estando "mal" en algún punto. No sé cómo decir esto sin sacarles sus conceptos tristes sobre lo "malo". El apagón es impenetrable mientras no se le tiene el respeto necesario. Absurdo es creer que podemos igualarnos al robot, nosotros no volvemos de la muerte en un minuto, con apretar un botón. Necesitamos una revolución. Nuestro camino es una búsqueda sin alarmas. 
En lo que me respecta, no puedo entrever algo más divertido que estar congregada a estos pasadizos. Nunca se terminan las incognitas. Sigo siendo detective. Puedo resolver mis propios casos. Y además, no estoy negando la realidad, porque lentamente avanzo hacia los secretos del olvido. 

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