Escribir para mantenernos vivos

sábado, 29 de julio de 2017

¿Qué esperas?

Te quejas. Le guardas al otro en una cuenta de expectativas, lo que vos no creas. Suspiras, mientras nadan sobre vos, los acentos llamados Proyección. No existe sentido posible, donde sufris. Mientras no haces, simplemente mentís. Reflejando en aquellos espejos extraños, que pasan por la calle, te enajenas. Si supieras que lo simple encarna el accionar.
Quizás lo que ocurre es un no saber desgarrador. Probablemente, no sepas qué rumbo escoger para equilibrar el amor. Sin embargo, eso es una excusa. ¿No te duelen las tenazas en el día? Ahí, en el dolor mutilado que no dejas existir. Justo dentro del tumulto.
Actuar, ¿qué es la vida si no se ejerce un papel dando cada gajo de oxígeno?
¿Por qué no estás cumpliendo tu papel? Siento que te perdes. Me duele tu perdida. Yo no puedo perderme. Tengo que subirme al próximo tren. Si espero, el boleto se derrite como los relojes de Dalí
¿Soñas con un invento donde la vida no es arte?
¿Pensas de verdad que vinimos para servirle a un humano aberrante?
Desenvolve los rollos. Porque hay cuerpos que no deseas revelarle a tus ojos. Desnudate. El extasis esconde alegorías multiples si no hay vestimentas delirantes.
Volve a nacer. Deja tu anterior espectáculo, en la película del ayer. No tenemos que contarle a los que están acá, todo aquello que hubo de pasar. ¿No ves lo qué es ejercer con liviandad?
Deja de temerle a los significados, porque eso pasa, cuando no tenes el poder de transformarlos. Y vos, si te observas despierto, armas con tu potencial un nuevo humano.

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