Escribir para mantenernos vivos

sábado, 29 de julio de 2017

Solo es el viento. Quiere limpiar todos mis huevos. Estruja con sus multiples lenguas, hasta lo que yo no puedo habilitarle al tacto de marfil. Hojas, golpeando la puerta, que me llevan a escribir sobre lo que me produce sentir su presencia. Una persona atendiendo, sin moverse de la silla. Música, sonando, hasta que el sueño se haga deseable. Sonidos que calman la existecia fatídica, que duele porque mata. Y va a sonar el tambor mientras me este tallando el escultor. Tengo que escuchar la canción, así vuelo. No quiero distraer al artista. Si me muevo, puede perder la experiencia. Quieta. Inmovil en la armonía anónima. Jamas me moveré si eso implica destruir lo que debe nacer.  ¿Qué son las horas? después de todo, esto pasa en unos segundos y cuando quiero descubrir la mira estoy en otro mes. El tiempo finge ser alguien, mientras nosotros vamos ordenando labores que surgen del aire. Inmanente es lo que nos atañe. No se va ni aunque lo llamen. Disfruta aspirando cada elixir. Tiende la nada, sin cesar, objetos de los que uno puede socavar; paz. Es tan solo una fugacidad, cómo una estrella, con el tamaño de un lunar. Lo estoy probando ahora, mientras lo invento.

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