Escribir para mantenernos vivos
lunes, 31 de julio de 2017
El árbol no creció sin derrumbarse. Vos lo ves, y quizás pensas, que siempre estuvo ahí. O puede que siquiera cuestiones su permanencia en la envoltura terrestre. Sin embargo, él murió. Podemos comprobar que su apariencia es la misma que antaño. Pero, no te engañes. Ese no es. No quieras confundir al escenario con tu ansiedad de ver siempre lo mismo para no tener que salir a saltar hacia nuevos ciclos. No, perdoname, pero acá todo cambio. Hoy me desperté y siquiera tenía puestas las mismas sabanas. ¿Te parece que hice un escandalo? No, simplemente decidí inventarme unas nuevas. Eso es todos los días. Así se construye la vida. No hilvanando ilusiones ficticias, que mucho pueden tener de lindas, pero poco van a crujir en las nuevas salas de la vendimia. Ay, sí, antes disfrutaba con leer tu falta de exploración consciente. Lamento decir que me cansé. Ya la agarré, la metí en mi armario, y me transforme. Ahora, no puedo leerla, porque está puesta en mi memoria celular. Gracias, por prestarme tu comienzo. Por favor, no te quedes en el tiempo que no es más que un inútil pensamiento. Si pensas de verdad que tu mente es un ancla ideal, soñate leyendo una nueva comedia. Mi amor, te ves increíble con esa capa de sueños. Y no me gustas. Quisiera probarte, quizás en unas vidas más, donde no descanses arriba. Es una farsa el descansar. Nunca dormimos, los que no dejamos de armar.
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