Escribir para mantenernos vivos

sábado, 29 de julio de 2017

Gustando de los sueños que transito, te encontré en un molino. No hubo previo aviso. Así, escondido, te veías entre cascadas de labios cincelados por el vino. ¿Por qué? Simplemente nos unió una armonía. Sin sentido es pensar en algo que se crea por el acto de respirar, conjunción instrumental. Tenemos los elementos, no hace falta mucha oscuridad. Ey, ¿qué ganarías con ponerte a pasar en lo que nos puede ocurrir dentro de unos días más? Por favor. Sigamos caminando, cada uno en su sendero. Si nos tenemos que tocar, el director de orquesta nos informará. No te entrometas. Sería una treta impulsiva, someterme a tu presencia, cuando no termino de dibujar mi cadencia. Respeta este conductor, porque no recibe a nadie que no conozca el espacio propio. Sí, la soledad tiene abstinencia. Extraña sin paciencia. Quiere beber los sorbos de tu consciencia. Tendrá que tenerse piedad, estos pálpitos lejanos, van a saber como el Olimpo de los guijarros. Quien reside en un oasis, sabe que la eternidad envuelve en agua bendita al que sabe esperar. Sillones vatos hay en esta nube lunar.  Acostemonos. Mientras soñamos, podemos olvidarnos, de todo lo que nos alejo.

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