Escribir para mantenernos vivos

jueves, 27 de julio de 2017

Historia del colchón


Cuando llegué a mi nueva nave, solo tenía unas ramas con expresión desgraciada. Sin embargo, eso no importaba, porque había textura. Mi cuerpo tenía la posibilidad de reposar en algún lugar, hasta inventar otro. A veces dolía la espalda, junto con la incertidumbre. Pero nunca los sueños. Con aquellos chillidos, pude dibujar otra cama. Del dolor, saque guirnardas. No es verdad, el martirio no habita en la falta de material. Lo que fastidiaba mi mente en esos tiempos, era la falta de mar. ¿Qué me importaba si no dormía en el cielo? Yo no sabía que existía, apenas conocía unas partituras vivas. Injurias, el problema fundamental reside en habernos construido sobre cimientos rotos. ¡No es cierto! Esas voces están existiendo en la finitud que es lo irreal. Y te lo digo ahora que duermo sobre firmes algodones. Han logrado componer el emporio de la aspiración...al vampirismo. Te han hecho creer, la historia del no nacido. Pero, ¿cómo es que puedo? No creo que los demás sean ineficientes. Imposible es, sentirme superior a los que me rodean. Tienen que dejar de visitar cementerios. Empiecen por eso. Despojen sus cuerpos del oro que no es sol. Consuman algo que al probarlo encienda hasta las llamas del sexo. ¡Toquen los instrumentos que tienen incorporados! Ustedes, no se conocen. Y así es que no hay luz. Han asistido tanto a la escuela delirante. Cayeron en la trampa de sentirse alienados sin atreverse a ser alguien. Son, debajo de todas esas capas muertas. Si se sacan cada una de esas imposiciones. Ahí, en el desprendimiento. Donde duele.
Lo siento, pero naciste y te empezaron a regar con químicos. Naciste, y decidieron que no eras bueno. Te convirtieron en capital. Por eso va a doler. Sin embargo, con cada punzón que te sacas, para dejar de ser marioneta...GOZAS CADA VEZ MÁS.

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