Escribir para mantenernos vivos
sábado, 22 de julio de 2017
La mudanza
En unos días se traslada. Muda su cuerpo a otra encrucijada. Hasta que descifre la carta. Yo, desde acá, quiero decir algo.
- No puedo sacar historias de lo que ya sé. Debo crear con lo incierto. Es imprescindible para eso utilizar los mecanismos del pasado, pero no son ellos capaces de resolver su propio entramado. Al fin y al cabo, uno siempre comete el error/acierto de dibujar parte de la propia cara en los enunciados. Sin embargo, juro que esta vez el objetivo precisa eso. Mi cara es un cartel que indica: "Se busca". Pegado se encuentra en una esquina de la putrefacta calle. A eso vine, y por eso me mudo constantemente. Detective soy, en lo que concierne a mi propia fuga. Persigo a las perdidas que no saben aún ser orugas.
He dicho. Ya puedo proceder al comienzo.
Él se muda. No sé a dónde, ni conozco cuál es la razón. Solo siento como envuelve maletas en un ropaje ameno. ¿Puede ser? Escribo sobre un desconocido y no me preocupa. Estoy ocupando un puesto de batalla. El oponente siempre va a ser lo que a la curiosidad se le escapa. Es así que no puedo pensar en otra cosa que no sea aquello cuasi invisible. Estoy cansada de dormir sobre montañas concretas. Completamente falso resulta afirmar que el tablero se despliega cuando hay fichas. Si puedo realizar mi próxima jugada, es tan solo, porque poseo ganas/balas.
Tiendo a irme de viaje en ramas fugaces, notese en el disipar que tienen estos párrafos. Pero, las desapariciones transcurren en un pasaje eterno de sedentarismo.
Bien, voy a dar un salto. Iré al grano que tendió este plano de hojas no verdes. Hay un alguien desatando los cordones de mis zapatos.
¿Quién es? No puedo saberlo. Ese es el asunto primordial en este desacato a la claridad. Ignorante soy del color de sus pasos en este territorio terrenal. Tengo en jaque la coherencia, básicamente.
La irrupción de esta persona en mi vida parece ser una explosión en degradé. De el tugurio a la agonía irrisoria. Debo admitir que el desmoronamiento edilicio tiene sabor a flor.
Durante las frases que empiezan con d estuve pensando en que no me importa el sin sentido, siquiera le creo. Si quisiera contar la cantidad de esquemas que se me han roto, enterrados están con sus sentidos cojos. Basta ya, estoy agotada del pensamiento nulo donde la mente parece una recolectora de influencias vacías.
No existo para ustedes y sus cargamentos de basura. Pinté la pared blanca, y eso es una fortuna.
Sí, él se muda. No sé si de hogar. No sé si de cuerpo. Siquiera sé si él es él. Pero yo lo sigo sintiendo, pese a todo tipo de movimiento.
Perdón si parece que me escribo desde distintos ángulos. Siento que quizás, no hay una sola persona escribiendo. Pienso desde mi postura que lee, cómo será leer la multiplicidad de seres que hacen quien soy. No puedo actuar ante las que estructuran mi visión. No soy una sola. Yo no acallo ninguna voz.
Perdón si no se puede seguir el hilo de la que ama un vacío con sabor a canto épico. También las otras están acá, escudando sus batallas. ¿Ustedes en serio creen ser solo uno?, ¿no piensan que tal vez toda su persona va a dejar de ser muchas cuando se vean fragmentados?
Desde lo particular, tengo el placer de poder afirmar que vi mis pedazos en el suelo. Pese a los films derramados, no caí en ningún funerario. Una vez vistas las telas pude entender aquellos suburbios inentendibles. Ya saben, esas excusas por las cuales resolvemos volvernos adictos al entretenimiento tapón. Destapadas estaban las imagenes que había escondido bajo celofan. Saludarlas una por una, se sintió como resucitar.
Ahora la noción es una entidad viva. Puedo dedicarme a ser productora de presentes, porque he decidido asumir la reconstrucción que ya no me detiene.
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