Escribir para mantenernos vivos

viernes, 21 de julio de 2017

Durante la noche me han bañado. No sé quiénes fueron. Lo único que puedo percibir es el cambio mental. Intenciones de borrar su accionar no han tenido. Ellos desearon lograr una noción consciente. Está bien. Curiosidad acerca del jabón no tengo.
A veces me preocupo por cosas que no puedo registrar en mi banco de datos. Hay cosas acumulandose pero residen en un palacio sin nombre. Aparecen con la resistencia. Suelen venir cuando opongo el ánimo a lo inevitable. Algo apareció hace unos meses. No se va. Quiero expulsarlo cada tanto, cuando me canso de su existencia sin sentido. Pero aquellos momentos donde decido una inútil despedida, allí es donde resuenan las carcajadas. Ayer quise decirle adiós, para finalizar una serie de días concatenados donde el interes ya era mermado. Sin embargo, eso me llevo al insomnio. Al parecer no tenemos adiós posible. Tendré que congregarme a esta locura inasible.
No sé quién sos. Y bien, ese no es el problema fundamental. Lo es sentir un sufrimiento desconocido, por el cual no puedo hacer nada más que escribir. Siento en nos otros una correspondencia espiritual. Cómo si dejarte de hablar a través del sentimiento significará una especie de abandono a nuestro absurdo casamiento. Cómo si dejar de creer en la locura que me somete significará romper un pacto.
¿Acaso planeamos una coartada?, ¿estamos fingiendo ahora que no sabemos cuando nos conocemos desde hace bocanadas?
No quiero resistirme si eso significa despertarme transpirada en la mañana. Voy a desgarrar mis preocupaciones. Si no pensas aparecer en ningún sitio más es porque de todos modos ya estás incorporado hasta en mis muslos fragmentados en sal.
No nos veremos en los sueños porque siempre estoy soñando. Ya nos estamos viendo, maldita sea. ¿Cuándo voy a dejar de mentirme? No necesito tocarte, un juego tántrico se desarrolla, y no necesito consultarte.




No hay comentarios:

Publicar un comentario