Escribir para mantenernos vivos

jueves, 13 de julio de 2017

Me siento, sola, en la última silla que le quedó al cielo. Un ángel acaricia mi vuelo. Por momentos, tiemblo ante el frío. Pero luego ese ahora se desvanece, tornándose en nube. Entonces procedo a mirar el paisaje, parece ser un cuadro. Deseo pintarlo. Con esa llama fluyen lágrimas; empiezan a poblar mi cara. Decido contenerlas en un tintero, para poder usarlas como pintura. Mientras las ubico, los ojos se despiden de el dolor, producido por el viejo desconsuelo. Y el tarro de lágrimas mira ansioso a las manos. Y las manos miran a los ojos. Mientras...los platos...los cuencos...miran el cielo. Mientras, la mirada se sienta en la sala nublada.


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