Escribir para mantenernos vivos

miércoles, 26 de julio de 2017

El otro como canal

Las personas no somos respuestas. Yo no vengo a tu vida para darte aquella magia y que de pronto, con tan solo un click, resuelvas tu acertijo. No, tan solo soy un canal, y vos un receptor. Puedo ser respuesta en la medida que seas pregunta. Te permito, por supuesto, utilizarme como el conductor que enciende chisperos. Pero, no me endilgues proyecciones propias. Hartas peleas se han dado por no comprender, que el de al lado no tiene por qué solucionar tus esquemas diagramados. De pronto, podes emitir mensajes, usando lo que esas personas que pasan por la calle, te envían con tan solo desplazar sus corporales frases. 
No intentes agarrarte de mi como sujeto social, porque no está en mi ser más que una persona que intenta mejorar. ¿Por qué habría de ser el resultado de tus matemáticas? No tengo necesidad. Mis problemas son la demanda natural que me hace salir del estado eterno donde no hay movilidad. ¿Vos? No sé. Estás ahí en lo lejano. Si te queres acercar a otro, lo primordial, es tomarlo como un puente invisible. Te ayuda a cruzar pero no es firme, en ningún lugar vas a poder verlo de forma concreta. El puente toma forma cuando dos personas desean cruzar a verse. Cuando el deseo es mutuo, se constata en el hablar de los cuerpos. Estos se tocan, y lo imaginario ya pierde el tiempo. 

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