Escribir para mantenernos vivos

martes, 25 de julio de 2017

Existe la posibilidad infima de que este cuerpo acá, impulsando sonidos fantásticos, no sea más que una invitación. Quizás solo es un engaño, una envoltura elegida para comprometer a un otro. Puedo imaginar esa dulce artimaña, tan solo una arma más del inventario. Si tendrás tantos, te los sacas y pones, cómo si eso se tratase tu armario. Sí, un infinito portal cubierto por cuerpos que no son tuyos. Plagado de lo que se cree ver. Invadido por las conversiones que lograron los otros. Así, un organismo se transforma en un todo multiforme. Increíble, siquiera puedo saber lo más sencillo y básico. ¡Mi cuerpo! No tengo idea de cómo es en verdad. Solo veo una parte en el espejo, en el río, en el arroyo. Todas las demás, tengo que recolectarlas de los ojos que pasan (¿qué sabrán ellos?). Fragmentado el cuerpo, resulta ser caleidoscopio. Iluso es quien cree tener la completa certidumbre de algo. ¡Se construye! Lo certero habita en el obrar constante. Nada más. Quien no acciona a diario se deshoja, anda despojando lo que no tiene por el laberinto.
¿Queres decirme algo? Acaso restregarme tu consciencia corporea. Pero, no tengo ningún inconveniente en tu creencia ciega. Imposible es que seas eso que no dura ni un minuto vistiendo la misma apariencia. Eso no sos. Soy otra cosa. ¿Qué es?, ¿dónde está? No sé. Podemos ir a buscarla sin tener que pensar. Vamos a saborear su sed, cuando dejemos de buscar placer, en lo material.

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