Escribir para mantenernos vivos

sábado, 29 de julio de 2017

Recordadora del mar. Eso tengo que ejecutar. Un acto donde ya no habrá evasión, porque la verdad se comunicará con cada beso que fue Dios. Se trata de enhebrar un registro, donde los discos enciendan un primaveral hálito. Si se trae cada estrofa del pasado a este presente, aparece la observación. Place un estado donde cosemos con el mismo hilo, una sensación. Y la tinta me dice que completa entre en esta treta que es ver. Yo de nuevo, la miro sin estar a destiempo. Guardo en sus gotas un pacto sin remedio. Porque su existir es el refrigerio de este nuevo sitio que se abre, como siempre, con un soliloquio. No hay otro. Estoy acá siendo una sola óptica. Esto parece nunca haber ocurrido, pero quizás paso. Puede que no recuerde, a causa de la memoria sin plazos. Sin embargo, ahora como nunca antes se ha visto estoy sola en el abismo. Se fueron las otras yo-yo. Juego sin ellas porque decidieron irse a otro palacio. No las extraño, no se crean esa heladera. Solo me cuesta entender que ahora tendré que habitar un espacio magnánimo. Sé hacerlo. En algún lugar está ese saber que no es improperio. Lo guarde en el confin de algún cajón sin nombre claro. Y, cuando me estire cada vez más, apareceran las otras fases de esta luna que soy cuando dejo estar. Es entonces, cuando eso ocurre, se electrifican mis manos. Pierdo los petalos, y caigo al vacío. Eclipse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario