La abstinencia
Hay un cajón, donde me guardo cuando no existís. Entonces sale la que está ahora. Siquiera tenes cuerpo en este instante. Mientras no te palpe con mis dedos de ramas, sos una entidad anónima sin degradé. Sin embargo, un deseo asciende. Se esconde en lo inerte. Parece construirte sin silencio, mientras yo prometo ser ciega.
¿Qué saber tengo en mis datos? hojas perfumadas con el hilo de un fantasma. No sé si secundas mi espera con un suculento final. O quizás, todo lo que debo hacer es confinar este delirio a un altar fenicio. Ay, duele ser tejida por una ilusión. Descalabra mis oídos que solo saben de armonía.
Calma saber que estoy yendome, como todo lo que rodea este imperio nómade. Por lo tanto, si no estás, yo tampoco. Ningún lugar nos tiene presos. Nadie podrá perseguir este indicio.
No existimos. Esa es la única constante. Y en esa inexistencia es imposible que no estemos juntos. Allí es donde la nada nos amarra sin cadenas. Así me gustaría desarmarte. ¿Cómo? en lo que no tiene forma. Donde nos volvemos nada plena. Todos los ojos van a desaparecer. Solo nosotros hasta entumercernos la piel abstracta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario